10.9.05

Uno de Gonzalo Rojas

NO LE COPIEN A POUND



No le copien a Pound, no le copien al copión maravilloso
de Ezra, déjenlo que escriba su misa en persa, en cairo-arameo, en sánscrito,
con su chino a medio aprender, su griego translúcido
de diccionario, su latín de hojarasca, su libérrimo
Mediterráneo borroso, nonagenario el artificio
de hacer y rehacer hasta llegar a tientas al gran palimpsesto de lo Uno;
no lo juzguen por la dispersión: había que juntar los átomos,
tejerlos así, de lo visible a lo invisible, en la urdimbre de lo fugaz
y las cuerdas inmóviles; déjenlo suelto
con su ceguera para ver, para ver otra vez, porque el verbo es ése: ver,
y ése el Espíritu, lo inacabado
y lo ardiente, lo que de veras amamos
y nos ama, si es que somos Hijo de Hombre
y de Mujer, lo innumerable al fondo de lo innombrable;
no, nuevos semidioses
del lenguaje sin Logos, de la histeria, aprendices
del portento original, no le roben la sombra
al sol, piensen en el cántico
que se abre cuando se cierra como la germinación, háganse aire,
aire-hombre como el viejo Ez, que anduvo siempre en el peligro, salten intrépidos
de las vocales a las estrellas, tenso el arcode la contradicción en todas la velocidades de lo posible, aire y más aire
para hoy y para siempre, antes
y después de lo purpúreo
del estallido
simultáneo, instantáneo
de la rotación, porque este mundo parpadeante sangrará, saltará de su eje mortal, y adiós ubérrimas tradiciones de luz y mármol, y arrogancia; ríanse de Ezra
y sus arrugas, ríanse desde ahora hasta entonces, pero no lo saqueen; ríanse, livianas
generaciones que van y vienen como el polvo, pululación
de letrados, ríanse, ríanse de Pound
con su Torre de Babel a cuestas como un aviso de lo otro que vino en su lengua;
cántico,
hombres de poca fe, piensen en el cántico.

28.1.13

La propuesta de Ezra Pound (Robert Hass)


La belleza es sexual, y la sexualidad
es la fertilidad de la tierra, y la fertilidad
de la tierra es la economía. Aunque no es un gran consejero
en lo tocante a las finanzas para los poetas,  pensé en él
en el calor espeso de la noche de Bangkok.
No pasa los catorce, se te acerca
afuera del Hotel Shangri-la
y dice, en un inglés bastante convincente:
“¿Querés una fiestita, papi?”.
La cosa es más o menos
así: el Banco Mundial dispone el crédito y la represa inunda
trescientas aldeas, y los aldeanos
se van a la ciudad, donde sus hijas se funden con las calles pululantes,
y las grandes turbinas de la presa, construidas con primor en Lund
o Dresden o Detroit, financiadas
por los Lazeres Frères de París o por el Morgan Bank de Nueva York,
facilitadas por las juiciosas dádivas de Bechtel
de San Francisco o Halliburton
de Houston a la élite política local,
al girar con la fuerza del agua tumultuosa,
ahora son hervideros de plata reluciente
y, río abajo, pintan con el latido de su luz azulada
sus pómulos y su preciosa piel.

6.2.09

El cuadro (Ezra Loomis Pound)

Los ojos de esta dama muerta me interpelan,
porque hubo amor allí, que no se extinguiría.
Y hubo también deseo, que un beso no calmara.

Los ojos de esta dama muerta me interpelan.

11.4.13

Una niña (Ezra Loomis Pound)

El árbol se ha metido por mis manos,
la savia se ha trepado por mis brazos,
el árbol creció dentro de mi pecho,
hacia abajo,
brotan de mí las ramas, como brazos.

Sos árbol,
musgo sos,
sos violetas con viento sobre ellas.
Una niña –en lo alto–, eso sos vos,
y para el mundo es todo insensatez.

12.3.09

Un pacto (Ezra Loomis Pound)

Walt Whitman, quiero hacer con vos un pacto;
te detesté por suficiente tiempo.
Te vengo a ver como alguien que de chico
soportó a un padre muy cabeza dura;
ya tengo edad para reconciliarnos.
Fuiste vos quien cortó madera nueva,
y ahora es el momento de tallarla.
Compartimos la savia y la raíz:
que haya comercio ahora entre nosotros.

29.5.08

Y los días no están lo suficientemente llenos (Ezra Loomis Pound)

Y los días no están lo suficientemente llenos
Y las noches no están lo suficientemente llenas
Y la vida se pasa como pasa un ratón por el campo
Sin agitar la hierba.

18.6.09

Treno (Ezra Loomis Pound)

Ya no tendremos más los suspiritos.
Ya no tendremos vientos que nos turben a la hora del crepúsculo.

¡Ved la belleza muerta!

Ya no tendremos más esos ardores.
Ya no tendremos el batir de alas
que en el aire zumbaban encima de nosotros.

¡Ved la belleza muerta!

Ya no tendremos el deseo que me flagelaba.
Ya no tendremos más el estremecimiento
al juntar nuestras manos.

¡Ved la belleza muerta!

Ya no tendremos más el vino de los labios,
ya no tendremos el conocimiento.

¡Ved la belleza muerta!

Ya no tendremos más aquel torrente,
Ya no tendremos el lugar de encuentro
(¡Ved la belleza muerta!)
Tintagel.

16.2.12

Meditatio (Ezra Loomis Pound)

Cuando examino detenidamente las extrañas costumbres de los perros,
me veo forzado a concluir que el hombre
es un ser superior.

Cuando examino los extraños hábitos del hombre,
te confieso, amigo mío, que me quedo perplejo.

27.2.12

Traductor invitado

EZRA LOOMIS POUND TRADUCE A JOACHIM DU BELLAY


O thou newcomer who seek’st Rome in Rome
And find’st in Rome no thing thou canst call Roman;
Arches worn old and palaces made common
Rome’s name alone within these walls keeps home.

Behold how pride and ruin can befall
One who hath set the whole world ’neath her laws,
All-conquering, now conquered, because
She is Time’s prey, and Time conquereth all.

Rome that art Rome’s one sole last monument,
Rome that alone hast conquered Rome the town,
Tiber alone, transient and seaward bent,

Remains of Rome. O world, thou unconstant mime!
That which stands firm in thee Time batters down,
And that which fleeteth doth outrun swift Time.

21.5.06

Uno de D.G. Helder

YACE



Un bel morir tutta la vita onora,
Lo the fair dead!

Petrarca super Pound, 1989.


No hay, acá no veo, un pedazo de madera
nunca va a enceguecer; ojos de carne
y cáscaras de huevo –acá no veo–;
el viento se basta con el dolor de las hojas
y la puerta del altillo que golpea
mal cerrada; acá no hay
sino ver y desear, no veo
sino morir con deseo.

Pero borrar de la mente las opiniones vacías, tus esperanzas
sin apoyo, los prejuicios, titubeos,
los cálculos tentativos y otras materias
igualmente vagas o falaces supondría
dejar la mente en blanco, blanca, una cáscara de huevo,
pobre cosa hundida en un viento de campanario,
la liebre entre los helechos de la luna
acurrucada en una cuenca seca.

Si hay imágenes, ¿por qué hay memoria?
¿Quién levantó para el sol
una carpa en el mar?
La boca de la chica
que yace en el matorral, que yace
en el lecho de la zanja
dormida, y es picada
por las moscas, mordida
en los pies por ratas del agua
yo la vi, vi la boca, los pies
y no pensé, di vuelta la hoja,
no pensé y volví atrás, cerré los ojos
ante el viento sin vida que pasaba
por encima de la zanja
barriendo el matorral.

La canción de amor
que fluyera detenida
en cada palabra
y que nadie conociera
ni llegase a oír,
esa que el día desnudo
a la noche cantaría
y la noche al otro día,

no, es imposible ahora:
las cuerdas flojas apenas vibran
y hay flores pisadas, pasto pisoteado
formando un camino, los murciélagos
revuelan en la pantalla sin chistar
y atrás de la ruta un poblado y arriba
la luna cuelga en un lazo de niebla.

Ya sin hambre ni sed, a medias oculta
por la maleza, el cuello reclinado
en el zócalo de la zanja
para que así la descubra el día
y con el rocío sea reparada,
los ojos en blanco,
yace.

17.5.06

En una estación del subte (Ezra Loomis Pound)

La aparición de estos rostros entre la muchedumbre;
pétalos sobre una rama negra, húmeda.

25.8.05

IMEPPW (Ezra Loomis Pound)

Vuestra alma
delicada por la costumbre de la saciedad,
Atthis.
Oh Atthis,
muero por vuestros labios
muero por vuestros pechos infantiles,
vos, la impaciente, la intocada.

Alba (Ezra Loomis Pound)

Fresca como las pálidas hojas húmedas
de los lirios del valle
al alba yace ella junto a mí.

TO KALON (Ezra Loomis Pound)

Hasta en mis sueños te me hacés negar
y sólo me mandás a tus mucamas.

20.8.05

Francesca (Ezra Loomis Pound)

Surgiste de la noche
y había flores en tus manos,
ahora surgirás de entre una confusión de gente,
de un tumulto de charla sobre vos.

Yo que te he visto entre las cosas primordiales
me enfurecí cuando escuché tu nombre
en sitios ordinarios.
Quisiera que las frescas olas fluyeran por mi mente,
y el mundo se secara como una hoja mustia
o como un diente de león para así ser barrido,
de modo que pudiera encontrarte de nuevo,
a solas.