5.8.10

Un viejo se va de la fiesta (Mark Strand)

Cuando dejé la fiesta quedó claro
que si bien yo pasaba los ochenta, todavía tenía
un cuerpo hermoso. La luna relumbraba como acostumbra
en tiempos de introspección profunda. El viento contenía
el aliento. Y mirá, alguien dejó un espejo apoyado en un árbol.
Después de asegurarme de que estaba solo, me saqué la camisa.
Las flores de la yuca bajaron sus cabezas bañadas por la luna.
Yo me saqué los pantalones, y volaron en círculos
por sobre las secuoyas las urracas.
Allá abajo, en el valle, el río seguía su curso.
Qué raro estar en medio de la nada, yo solo con mi cuerpo.
Sé lo que estás pensando. Yo alguna vez fui como vos.
Pero ahora, que tengo ante mí tantas cosas, tantos árboles
de color esmeralda, estos campos blanqueados de maleza,
y montañas y lagos, ¿cómo no ser yo mismo y nada más,
este sueño de carne, de a un instante por vez?

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Deslumbrante, hermoso. Gracias. Atte.: @zalvador

10:50 a.m.  
Blogger Alan said...

Este es un excelente trabajo, querido. Como tantos otros. Abrazo,
Alan Mills

11:39 a.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Gracias a ambos.
Fuerte abrazo,
EZ.

11:49 a.m.  

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