2.2.12

Un lugar distinto (Mark Strand)

Entro
en la luz
que hay

que no alcanza a cegarme
ni me permite ver con claridad
lo que ha de suceder

y sin embargo veo
el agua
el barco solo
el hombre ahí de pie

no es alguien que conozca

es un lugar distinto
la luz que hay se despliega
como una red
sobre la nada

lo que ha de suceder
ya ha sucedido antes
de esta misma manera

es el espejo
donde duerme el dolor
es el país
que no visita nadie.

30.1.12

Uno de Paula Abramo

INVOCACIÓN BASTANTE ABSTRUSA



Que venga el gesto deíctico
enhiesto de hierba hipotética,
hirsuto de oxitonísimas iotas
e índice enfático. Que diga:
mira despacito, observa
el mar que todavía no es,
pero será,
sin duda será,
iterativamente oleando,
goteando en cuerpos de bañistas,
casi casi como si el gerundio no fuera suficiente.
Que venga y diga como sin querer:
mira
la mañana de gatos que vuelven
a su diurna máscara de sueño.
Y que luego se vaya el gesto deíctico,
agotado hasta la ronquera
de tanto indicar ése, allá, que se vaya
diciendo yo, aquí, yo,
hasta saciarse.

26.1.12

Uno de Alejandro Albarrán Polanco

EL AFILADOR



Un poema que sea un afilador cruzando la avenida sonando su
sicú. “El afilador”, gritará una niña, corriendo por el pasillo
de su casa para avisarle a su mamá. La madre, seguramente,
le dará a la niña los cuchillos que ya no cortan, los que
esperan en un cajón en la cocina. Alguien en esa casa, antes de
dormir, pensará en el filo. En los cuchillos dentro de un cajón
especial en la cocina. Y ese pensamiento será oscuro, pero
habrá un brillo repentino, el del cuchillo, el de los cuchillos,
un brillo como una escena de cine: oscuro, oscuro: brillo.
Su cabeza entonces estará repleta de cuchillos sin filo. Su
cabeza será el cajón de la cocina. Pensará en el precipicio.
Pensará en saltar. Siempre me he imaginado el filo como un
límite. “Estás al filo de…”, ¿al filo de qué? Del precipicio.
Será por los desfiladeros. Entonces me veo parado en el filo de
una montaña o de un edificio, me veo parado en el borde de un
cuchillo. Entonces me imagino la caída. Allá voy, de espaldas
y sin ojos, voy cayendo. ¿Vienes conmigo? A veces quiero
que los poemas sean un afilador cruzando la avenida sonando
su sicú, para salir corriendo por los pasillos de la casa vieja
de mi madre, para que ponga en mis manos los cuchillos, los
que guardaba en un cajón especial en la cocina, y dárselos al
afilador y regresar a casa, y acostarme, y quedarme ahí, en mi
cama, con mi cabeza oscura, imaginando el brillo.

23.1.12

La música que oí (Conrad Aiken)

La música que oí con vos fue más que música
y el pan que compartí con vos fue más que pan:
ahora que no estás, todo está desolado
y todo lo que alguna vez fue hermoso está muerto.

Alguna vez tocaron la mesa y la vajilla
tus manos, y tus dedos tomaron esta copa.
Estos objetos ya te han olvidado, amada:
sin embargo, tu huella en ellos permanece.

Porque en mi corazón pasaste junto a ellos,
bendiciéndolos con tus manos y tus ojos:
siempre, en mi corazón, ellos van a acordarse
de que te conocieron, hermosa y sabia mía.

19.1.12

Pasé una vez por una ciudad muy populosa (Walt Whitman)

Pasé una vez por una ciudad muy populosa, grabando en mi cerebro, para uso futuro, sus espectáculos, su arquitectura, sus costumbres y sus tradiciones;
y, sin embargo, ahora, de toda esa ciudad, recuerdo solamente a una mujer que por casualidad conocí allá, que me detuvo con su amor por mí;
todos los días y todas las noches estuvimos juntos; de todo lo demás ya me olvidé hace tiempo;
y digo que recuerdo sólo a esa mujer que con tanta pasión se aferró a mí;
otra vez deambulamos, nos amamos, nos separamos otra vez;
ella otra vez me toma de la mano y no me puedo ir.
La veo junto a mí, con labios silenciosos, triste y trémula.

16.1.12

Al leer el libro (Walt Whitman)

Al leer el libro, la biografía famosa:
“¿Eso es lo que el autor llama la vida de un hombre?”, dije yo,
"¿Y, así, cuando esté muerto, alguien escribirá sobre mi vida?"
(como si hubiera un hombre que supiese de verdad algo sobre mi vida,
cuando yo mismo muchas veces sé poco y nada de mi propia vida real,
sólo algunos indicios, un puñado de pistas difusas e indirectas,
que yo intento seguir para mi uso personal).

12.1.12

Antelmo a su hija, Norma [1991-2009] (Robin Myers)

Voy a ser como vos.

Llegaré tarde.

Voy a tener paciencia y voy a ser permeable,
un farol de papel colmado de polillas.

Voy a alisar la sábana
de mi emergencia con las palmas de mis manos.

Voy a ser muy antiguo.

Mi belleza se va a echar a perder.

Voy a ser calvo y flaco, con la piel amarilla.
Mis venas dejarán de ser azules para ponerse negras.

Como vos,
naceré para nadar,
y para protestar contra el deber del sueño,
para rozar la espuma del mar con las manos,
pelarme las rodillas,
dar golpes en la mesa
y esperar.

Como vos, naceré.

Intentaré aprender
a ser tu padre,
y el mío propio.

Traicionaré a tu madre.

Recordaré
cómo salir de un cuarto.

El ruido de mi risa te sobrevivirá.

Te voy a perdonar.

No voy a permitir
que vos me digas cuándo.