11.7.11

La confesión de un damasco (Carl Adamshick)

Amo incorrectamente.
Hay algo de solemne en las manos, la forma
en que las palmas se curvan
adaptándose al contorno de la piel,
la manera en que cuentan historias.

Tendría que ser como un peregrinaje.
Un regreso a las fuentes.
Es lo que santifica.

Esta plegaria. Esta misericordia.
Quiero ser peregrino para todos
y mantenerme cerca de lo inexacto y de los desagrados
astringentes, de la díscola paz, de las palabras
privadas. Quiero estar cerca de lo revelador.
Quiero escuchar a todo el mundo susurrar.

Tras el florecimiento, me suspendo.
La encíclica que vino a través de las ramas
nos insta a echar raíces, a volvernos
el diseño que está ahí dentro encapsulado.

Carne que ayuda a que la piedra se convierta en árbol.

No quiero sostener la vida
a mis extremidades, ver cómo se prepara
para mi perpetuación.
Quiero tocar y ser tocado
por cosas similares en el mundo.

Y quiero conocer algunos pocos días seculares
de perfección. A fines de esta larga temporada única,
la luz difuminada de la mañana oculta el horizonte
del mar. Y todo adquiere
un color de pizarra, una lápida blanda
donde imprimir una filosofía.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

No sé cuántas veces lo he leído ya.

Fantástico: "Carne que ayuda a que la piedra se convierta en árbol."

Gracias!

M.

1:39 p.m.  

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