19.8.10

Nuestros últimos días (LeRoy S. Davis)

Cuando supimos que llegaba el fin,
con nuestras propias manos construimos
una choza en la playa, usando ramas,
plumas, paja, pedazos de botella
y fierros retorcidos. Como viga
central, que apuntalara el edificio,
colocamos un hueso de ballena:
nuestro hogar era limpio y espacioso,
y el sol bañaba todo desde arriba,
por una claraboya. Y aunque casi
se nos fue todo el tiempo que quedaba
en la tarea, no entramos en pánico.
Al terminar, pusimos unas sillas
afuera, y nos sentamos a esperar:
nos abrazamos una vez o dos,
bebimos té y jugamos a las cartas.
Y cuando finalmente llegó la hora,
un elefante gigantesco y blanco
salió del mar, y nos llevó en su lomo
a un horizonte de salvaje espuma.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

La eterna pregunta: ¿dónde trazar la frontera entre narrativa y lírica (si es que es pertinente trazarla)? Me gustan aquí y en "La expedición polar" la pulsión narrativa (alguien citó a Melville en el posteo anterior), un cierto "crusoismo", que destila sólo al final todo su potencial emotivo. Muy hermosa la imagen del elefante, como también lo es la del abrazo de la oscuridad del poema anterior.

Madrid

2:43 p.m.  
Blogger fran said...

lindísimo. googlié para ver si la encontraba en inglés pero no tuve suerte, se podrá leer de alguna manera?

Saludos

5:32 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Una precisión: con "crusoismo" intentaba referirme simplemente a la tradición literaria de las novelas sobre náufragos e islas desiertas tipo Robinson Crusoe o narrativa de aventuras de corte similar. Creo que me he inventado el término ;-)). Me parece, sin embargo, que hay una denominación para este género, Robinsonade o algo así.

Perdón, es lo que tiene la pedantería ;-).

Madrid

7:38 p.m.  

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