24.8.05

Cosas viejas (2003)

DOXA


Me quedé y me olvidé de que tenía que haberme quedado,
trabajando, quizás. Y abrí los ojos, grande,
hice una carpa con los codos y el encuentro de las manos.
Puse la cara encima. Esa película abrasiva,
el halo capilar que empieza a titilarme entre las palmas, eso
no puede ser mi gloria. No me glorío en nada
que avise cuando va a manifestarse;
o nunca me glorié, o nunca supe en qué gloriarme,
y cómo. Y estos ojos,
la piel de la nariz, el caracol de los oídos,
el breve vaso de agua de la conciencia, eso,
sólo lo puedo ver cuando me miro en el espejo,
o lo ven los demás sin que yo mire,
o me miro en los otros. Y está bien que así sea,
supongo. ¿Adónde está mi roca,
me pregunto, mi fuerza, mi peñasco, entonces?
Tiene que haber alguna cosa en mí que brille más
allá de mí, o vaya a hacerlo alguna vez, o lo haya hecho,
quizás sin darme cuenta yo. Y se me ocurre algo:
cuando era un embrión, cuando me hicieron,
la bola de epitelio que intentaba, ajena a mí,
actuar la simple forma que era yo, miraba toda para afuera,
un tubo dado vuelta, dado vuelta de nuevo,
con el estómago y el hígado indistintos, y los oídos y la boca:
la misma superficie, un guante solo,
única esponja-flor posada sobre el mismo, único, eje,
fisonomía pura en el abigarrado aire del vientre de mamá.
Debía haber un brillo ahí que se perdió cuando la cara ya formada
se tragó todo el resto, cuando por un pudor que no me dieron a elegir
–¿acaso el artificio le reclama al artífice: “¿por qué me hiciste así?”?–
un resto de esa gracia se ocultó en las sucesivas dimensiones desplegadas,
aquel aumento sordo de espesor y de entidad
que me permitiría ver el mundo como un mundo, luego.
Y ahora estoy pensando en esa parte que quedó indigesta,
y hay algo que me arrastra, una corriente subcutánea o algo
menos solemne acaso, al nombre que me dieron
para darme la fuerza. Taparon con un nombre
irreprochablemente israelita una mitad de mí.
¿Qué era lo que querían, que supiera
que si quería ser más parecido a lo que fuera a ser,
iba a tener que ser distinto de eso?
Mi gracia: un trabalenguas perfectamente hebreo.
¿Acaso se trataba de algo así como un Scrabble de la identidad,
pensaban que a su hijo le darían más puntos en la vida
por tantas zetas y esa cu y la doble ve?
Si había alguna cosa en mí que no era idéntica a sí misma,
¿no era mejor, acaso, hacer visibles las costuras?
Si a fin de cuentas la matriz que me engendró
jamás escuchó hablar, de chica, sobre el ghetto,
ni tuvo que saber qué cosa es el exilio en carne propia
hasta que, bueno, se exilió papá.
Si además, fueron ellos los que me criaron,
los de la parte árabe, del Líbano,
católica, o católica a su modo, que borraron de mi nombre.
Ellos también tenían a su hijo en el exilio:
acaso también él estableció su alianza en el desierto,
y lo llevaron como a Elías. Pero pagó la sangre,
porque era de otro pueblo. Y el sarcoma
le recubrió la espalda como un mapa.
¿Querían que yo fuera su Eliseo, que tomara
las dos terceras partes de su gracia?
Hasta les daba, a veces, por llamarme con su mismo apodo.
Fue demasiado para mí, un árabe imposible;
para un judío errado, un circunciso fraudulento,
que consagró su alianza en el quirófano
con el celoso dios de la fimosis
(me acuerdo lo que era, una campana henchida,
un girasol de agua si orinaba).
Fue demasiado para mí. Pensé que era mejor hacer
como con una herida que quisiera suturarse desde adentro
para dejar la cicatriz cubierta y proteger mejor
la piel. Se me rompió de todos modos. Engordé y se me rajó,
como una copa de cristal muy burdo. Se llenó de estrías,
una retícula delgada, discontinua, sobre el plano vertical
de las axilas a las nalgas, mezcla del diseño
de un árbol genealógico desnudo de su fronda
y el mapa del genoma. ¿A qué o a quién
había que culpar, a la genética, a la frágil epidermis de mamá,
o a aquella fuerza primigenia desatada,
esa dispepsia primordial que haría de la indigestión
la principal de mis pasiones? La respuesta
pugnaba por caer en saco ciego, disfrazada de un confiado
escepticismo sin objeto que, después,
demostraría ser una nesciencia temerosa, replegada
sobre su propia falta: ¿la eludía o solamente
la estaba difiriendo? No sabía que sabía. Y elegí aferrarme
a la intuición, un poco frívola y pueril,
de que mi centro geográfico, mi casa, no podían ser
el fuelle alveolar y el abanico delicado del espíritu.
Y ahora, que me quedo y que me olvido, que clavé
mi tienda con los codos y los brazos, y la cara sumergida
entre las palmas, como un cántaro que cae dado vuelta
y que se quiebra, sin saberlo, al lado de la fuente,
estoy cayendo en una edad en la que necesito
un sustituto digno para el alma:
para ponerme en marcha, y recordar
y recordarme. Un sucedáneo digno de un prosélito
forzoso. Y el asiento de mi amor,
la sede de mi juicio, debe ser, por ende,
ese baluarte hepático, la gloria polvorienta
de mis antepasados, los que no volvieron:
el saco ponderal, la piedra hueca,
la copa sucia en la que se mezclaron.




noviembre – diciembre de 2003.

18 Comments:

Blogger DEMIAN said...

Tierra de poetas, Argentina.¿Será por qué ha sido tierra de acogida de tantos desarraigados de tierra y alma? El poema es soberbio, aunque suena un poco a poética de judío renegando de sí mismo, un Kafka guasón.

7:03 a.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Agradezco el comentario. De todos modos, que quede claro: ni me siento un renegado (muy por el contrario), ni el poema escenifica tal posición: es más bien lo contrario, tomando en cuenta que el judaísmo no considera judío a un hijo de madre católica y padre judío.

10:47 a.m.  
Blogger marina said...

soy fana de doxa.
slds,
m.

6:12 p.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Marina:

Me alegra tu comentario, y lo agradezco. Pensaba que la gente que entraba al blog sólo leía las traducciones.

7:31 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Me ha gustado mucho este poema. Muchísimo. Como para leerlo en voz alta. Muy bien escrito. Y disuclpa tanto halago.

2:25 p.m.  
Blogger zaidenwerg said...

¿Por qué me pedís disculpás? Por el contrario: te agradezco el comentario.

2:59 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Te pedí disculpas, porque me pareció un exceso la manera de decir cuánto me gustó. Pero fue un muy buen hallazgo (tu poema) y en ese momento (ni ahora) no tenía la cabeza como para un comentario más inteligente, detenido, ¿técnico?, que fuera más que crítica impresionista.
Pero insisto.

4:31 p.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Me conformo con el entusiasmo y la crítica impresionista. Gracias una vez más. De veras, muchas.

4:34 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Si seguimos así, vamos a terminar declarándonos amor eterno. Mejor te sigo leyendo.

6:57 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Cada vez que leo este poema me gusta más. Es de lo mejor que he leído el último tiempo.

12:44 a.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Bueno, muchas gracias.

11:17 a.m.  
Blogger Myriam said...

He quedado embobada, tengo mucho más que decir, pero te lo mando por interno, sería muy largo de dejar acá. Me sentí tan admirada (lo digo con mucho respeto) como debió sentirse Moisés al divisar la tierra prometida después de todo un Éxodo. (Y es sabido que él no llegó a pisarla). Espero no sonar hereje con la alegoría, pero es lo prmero que se me ocurrió.

10:33 p.m.  
Blogger Sergei said...

Maravillosa forma de revisar tus orígenes, Ezequiel!

Esto me hace querer mensar poéticamente en los míos.

A ver:

Nací de una nuez.
Aquí estoy.
-Sergio-

jajaaa
Bueno mi vida es más una poesía minimalista! ;-)
Un abrazo!, seguimos en contacto por el face.

12:58 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Cada vez que visito este blog, que es bastante a menudo, no dejo de pasar por este rinconcito, el de "Doxa", que está ahí, al final de una lista y a veces un poco eclipsado en la memoria de los lectores por "Lo que el amor les hace a los poetas".
Pero yo siempre prefiero pasar por aquí, quizá para hacer parada y fonda entre los pliegues de reflexión que tejen las numerosas imágenes orgánicas, anatómicas, a veces casi médicas; redes de hallazgos retóricos "arretóricos", vivos, como en plena floración. Palpar la predominancia sin ambages ni argucias de una primera persona en plena reflexión, a veces desbordada. Una y otra vez vuelvo al rinconcito de "Doxa" para no olvidar la sinceridad y la inocencia que despliega.

M.

4:48 p.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Y yo sigo pensando que éste es el único poema más o menos bueno y honesto que escribí hasta la fecha. Gracias, M., por leer.

5:03 p.m.  
Anonymous @fander said...

Ayer, 17 de mayo de 2011, me hice un word precioso con todos los poemas de Doxa. Dejé para hoy la lectura de este y acuso recibo de su belleza y también, por qué no, de una la sonrisa que me deparó verme en el espejo de los versos tercero y cuarto.
Hay luz, verdad, intensidad, en este poema y se agradece.

9:08 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Quizá nunca percibí tan presente como hoy la perplejidad... el interrogante... hacía tiempo que no lo releía y ha vuelto a regalarme algo distinto.

Vuelvo a arrancar del texto y a guardarme en el bolsillo (con tu permiso, imagino que el agujero que deje mi robo no va a ser demasiado notorio ;-) dos cosas:

"el breve vaso de agua de la conciencia"
"la copa sucia en la que se mezclaron"

M.

2:52 p.m.  
Blogger Karen Valladares said...

Hermoso poema. Felicidades.

Karen Valladares.

4:23 p.m.  

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