20.2.12

Todo se está tensando sobre su eje... (Robin Myers)

Todo se está tensando sobre su eje,
el denso mundo tira en direcciones imprevistas.
Los retoños de árboles se cimbran con el viento,
sacuden las raíces,
y luego vuelven a agacharse.
Los racimos de bayas y los limones cuelgan,
firmes y jóvenes, y aprenden
a convertirse en una carga, manchados por el agua
que hace que también
aprendan a cargar,
la extrañeza de hallarse suspendidos,
de llevar algo más que sus pequeños cuerpos
en el aire.
Todo se extiende, todo
soporta un peso. Los tallos de los tomates
sucumben ante el aspersor,
derribados por lo que los mantiene vivos.
Tu propia espalda, que no podés ver,
como el árbol no ve sus propias raíces,
se cansa de la gravedad,
la misma que tolera los tendones,
y deja que se asienten en la silla,
la segunda columna vertebral que te enseña sus fines.
Todo desea, todo se coloca
en posición de recibir.
En el jardín, se forman las hormigas
en el borde de un plato hondo, para beber.
Son bien visibles, pero tan pequeñas, que nunca nos ponemos
a buscarlas, y menos a imaginar que puedan tener sed,
y todavía menos que puedan saciarse.
Nada se sacia. Todo espera,
algunas cosas más pacientemente
que otras. En la calle, por ejemplo,
en el puesto de frutas que está abierto hasta tarde,
los melones están tan llenos como lunas,
las uvas resplandecen, las naranjas,
como si las hubieran detenido en su órbita,
siguen muy vivas, con las lamparitas
que las alumbran desde atrás,
mientras la oscuridad se cierne afuera.
Ellas tienen sus hábitos.
No son como las flores, que se cierran con el sol;
se aferran cada una a su color como si contuvieran el aliento,
Todas las cosas temen. Todo elige,
guarda, excluye, se aleja
del centro derretido.

*

Los cuerpos como el tuyo están
cambiando en todos lados la forma de las cosas,
torturan a alguien que no reconoce más
a sus hijas, extraen petróleo del océano
en tazas, les disparan a los barcos,
en la arena abren cráteres, dejan una infinita
estela rencorosa de bolsitas de plástico
que heredará la tierra, y llenan las noticias
de pronombres y fósforo blanco. Vos que quedás
al margen, como todo lo demás, que vivís
en un lugar igual de luminoso o condenado
que todos los demás, y con las piedras para demostrarlo,
caminás por la calle y te salpican
con barro el dobladillo del pantalón, y eso
es todo: estás lo suficientemente cerca del horror
para sentirte horrorizada, y eso
es todo, vos, tu piel permeable,
tu dieta de disgustos y, de vez en cuando,
un cigarrillo, y tu deseo:
vos hacés el amor últimamente
con mayor insistencia y más coraje,
el egoísmo es algo que tenés que aprender,
lo mismo que el coraje; vos cogés, entonces,
de manera egoísta, necesaria,
mientras el eje hace que sigas dando vueltas,
como sobre el espiedo de tu preferencia,
y, lejos, más allá de vos,
estallan unos fuegos artificiales, y se precipitan, luego,
cegados, a la tierra.
Los hicimos nosotros, por supuesto; por supuesto nosotros los hicimos
a nuestra semejanza, ruidosos y fervientes,
y empiezan a quejarse no bien la luz se va y se acaba la gloria,
y luego se repiten de inmediato.
Todas las cosas, todas las personas
son narcisistas amorosamente:
reclaman la importancia de los fuegos artificiales o del sexo,
y exigen que la misma
ventana los contenga con su marco.
Todo es inocente, todo está ofendido
por el silencio y por la dignidad de estar, una vez más,
desnudo, como carne palpitante
en sábanas raídas;
y luego la resignación de levantarse y de volver a incorporarse
al mundo vertical.

*

No vivís sola pero a veces estás sola.
Vivís cerca del centro.
Para llegar ahí, la gente espera
esos pequeños taxis blancos en la esquina.
En el camino, los olivos
no se tropiezan sobre sus laderas,
porque la tierra ha sido nivelada en terrazas
a fin de protegerlos y permitir que crezcan.
Los taxis son veloces,
Y los postes de luz, apenas sugerencias;
el viento es despiadado con tu pelo.
Nada es seguro, ¿pero
no hay otra cosa que te dé seguridad,
si no su misma falta? ¿La forma en que los taxis
esperan a llenarse con cuatro pasajeros
hasta que pesa en ellos
suficiente deseo de partir?
¿La forma en que el camino se va hundiendo en el valle,
así como las ruedas en la ruta,
y el viento canta por la ventanilla,
aun en días de calma? ¿O la certeza
que nos ofrecen dos puntos acá y allá,
una delgada línea sobre la que dan vueltas nuestros otros gestos,
regresemos o no?
¿Aquellas pérdidas elásticas y aquellos movimientos
que nos mantienen encerrados,
pero encerrados en el movimiento?
¿Que son las cosas que nos hacen libres?

3 Comments:

Blogger Julián Muro said...

Muy hermoso, no conocía al poeta. Gracias!

10:27 a.m.  
Blogger zaidenwerg said...

Gracias, Julián. Por cierto, es UNA poeta. Abrazo.

10:57 a.m.  
Blogger esa de afuera de mí said...

ay!
w o w ! ! !

1:01 a.m.  

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