7.12.09

El privilegio de ser (Robert Hass)

Mucha gente está haciendo ahora el amor. En el cielo, los ángeles,
en el imperturbable éter y el cristal de los deseos humanos
se trenzan mutuamente los cabellos, que son rubios rojizos
y tienen la textura de los frescos ríos. De tanto en tanto miran
hacia abajo el trabajoso éxtasis
–les deben parecer como aves sin plumas chapoteando
en la cama encharcada–
y luego una mujer que está por acabar,
le hace abrir los párpados a un hombre y le dice:
“Mirame”, y él la mira. ¿O es el hombre
quien descorre el telón en el teatro a oscuras?
Se miran entre sí de todos modos;
dos seres con dos ojos evolucionados,
rapaces, sorprendidos, pegados uno al otro por la panza
con una baba lúbrica increíblemente dulce,
y los ángeles se sienten desolados. Les indigna. Tiemblan, patéticos,
como litografías de mendigos victorianos,
con facciones perfectas y la piel de alabastro, vestidos con harapos
en el callejón sórdido de la novela.
A todas las criaturas les ofende esta pena.
Se parece al lamento que la luna deja escapar a veces
cuando sale. A los amantes les resulta especialmente intolerable,
los llena de indecible tristeza, de tal forma
que otra vez cierran los ojos y se vuelven a abrazar,
y cada uno siente la singularidad mortal del cuerpo
que durante una hora han alzado de la muerte con su magia,
y un día, mientras corren al atardecer, ella le dice al hombre:
“Me levanté tan triste esta mañana porque caí en la cuenta
de que vos no podrías, por mucho que te ame, mi querido,
curar mi soledad”, y toca su mejilla para reconfortarlo
y que vea que no quería herirlo diciendo esta verdad.
Y el hombre no se siente precisamente herido,
entiende que la vida tiene límites, que algunos
mueren jóvenes, sus amores fracasan
como sus ambiciones. Va corriendo a su lado,
y piensa en la tristeza que han logrado abortar
con sus lamentos, cobijándose ambos con formas inventadas
y antiguas de la gracia y torpe gratitud, listos para volver
a estar solos o acaso insatisfechos, o a no ser más que buenos compañeros,
como esas parejas en la playa que leen un artículo en alguna revista
sobre la intimidad entre los sexos,
y después se lo leen en voz alta entre sí,
y luego a los inmensos, analfabetos, reconfortantes ángeles.

5 Comments:

Blogger Ezequiel Rivas said...

Es sencillamente excelente.

12:47 a.m.  
Blogger evA said...

qué bueno!!!

1:16 p.m.  
Blogger Gustavo Adolfo Chaves said...

Hass es un excelente poeta. Me alegra descubrir más gente que le pone atención. Saludos.

5:46 p.m.  
Anonymous martin said...

este poema es increíble
gracias ezequiel

10:21 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Quizá es uno de esos poemas en los que literatura y vida confluyen de la manera más sincera y devastadora, más dulce y violenta a la vez. La dualidad como principio de composición (por un lado, las esferas terrenal/celestial, por otro el hombre y la mujer), sólo en apariencia, puesto que actúa más bien como principio destructor: las esferas nunca se tocan; la intimidad de la pareja no consigue abolir el aislamiento del individuo.
Mientras va leyendo, y sumergiéndose en los rápidos y remolinos afectivos que le salen a su encuentro, el lector siente como si casi, casi su propia respiración fuera acompasándose al ritmo que le impone la musicalidad y también las redes de imágenes urdidas por el poema, tanto en la versión original como en la muy lograda traducción.

La traducción es muy fiel y hermosa, aunque siempre podemos hablar de decisiones léxicas más o menos acertadas, naturalmente desde el punto de vista subjetivo del lector("baba" por "glue" es un buen intento, pero la palabra "baba" me parece quizá un punto demasiado desagradable para la frase; "trabajoso" por "awkward", quizá se podría señalar con más énfasis la falta de gracia, la torpeza).
Sólo hay un verso que creo, personalmente, que pierde en la traducción: "of the sadness they have gasped and crooned their way out of coming, clutching...". La dificultad para verter la idea es enorme y el intento es buenísimo, pero me parece que las resonancias significativas de los estertores y las melodías con las que han podido eludir la tristeza deberían estar, de algún modo, más presentes.

En realidad, debería haberme ahorrado este comentario. Estas palabras han sido sólo un burdo intento de explicar algo que simplemente hay que sentir.

M.

12:22 a.m.  

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