20.7.09

Una canción de hadas (W. B. Yeats)

Cantada por el pueblo de las hadas para Diarmuid y Grania, en su sueño nupcial, debajo de un cromlech.

Nosotras somos viejas y felices,
más que viejas, viejísimas
miles de años, miles, miles de años,
si a todas nos dijeran:

Den a estos niños, vueltos hoy del mundo,
el amor y el silencio,
las largas horas donde cae el rocío,
y los astros del cielo:

Den a los niños, vueltos hoy del mundo,
descanso de los hombres.
¿Habría algo mejor, algo mejor?
Dígannos, pues, ahora:

Nosotras somos viejas y felices,
más que viejas, viejísimas,
miles de años, miles, miles de años,
si a todas nos dijeran.

16.7.09

El pastor apasionado a su amor (Christopher Marlowe)

Ven a vivir conmigo y sé mi amor,
y probaremos todos los placeres
que los montes, los valles y los campos,
y las abruptas cumbres nos ofrezcan.

Allí nos sentaremos en las rocas
a observar los rebaños y pastores,
junto a un riachuelo tenue, en cuyos saltos
músicas aves cantan madrigales.

Allí te tejeré un lecho de rosas
y un sinfín de fragantes ramilletes
y te haré una corona y un vestido
todo en hojas de mirto fabricado.

Te haré un tapado con la mejor lana
que nos puedan brindar nuestras ovejas,
y hermosas zapatillas para el frío
que han de tener hebillas de oro puro.

Un cinturón de paja y tiernos brotes,
con broches de coral y tachas de ámbar:
y si tales placeres te persuaden,
ven a vivir conmigo y sé mi amor.

Argénteos platos para los manjares,
igual de hermosos que los de los dioses,
en mesa de marfil serán dispuestos
para ti y para mí, todos los días.

En primavera, los pastores jóvenes
te halagarán con cantos y con bailes;
si conmueven tu alma estas delicias,
ven a vivir conmigo y sé mi amor.

13.7.09

¡Fuera, lujuria! (Robert Graves)

¡Fuera, lujuria! ¿No tienes vergüenza
de que tan pronto se menciona el nombre
de la Belleza o el Amor, encumbras
la cabeza, y observas, desafiante?

Mísero capitán, que te has jurado
llegar al fuerte para abrir la brecha,
sin importar por qué o a quién atacas,
¡ojalá en esa brecha halles la muerte!

El amor será ciego, pero al menos
distingue al hombre de la simple bestia;
y, aunque voluble, la Belleza pide
mayor delicadeza a su escudero.

Dime, insensato, cuyo solo orgullo
es tu tenacidad en la batalla,
¿desde cuándo eres hombre de talento,
y cultivas las ciencias y las artes?

Di, ¿la Belleza, con sus muchos dones
se plegará a tus atrevidas leyes,
o a tu corona jurará el Amor
fidelidad? ¡Fuera, lujuria, fuera!

8.7.09

1926 (Weldon Kees)

La luz del porche una vez más se enciende.
Principios de noviembre: hay hojas secas
apiladas, la hamaca de ratán
suelta un crujido. Llega, desde el patio,
el lejano sonido de un fonógrafo.

Una luna naranja. Veo las vidas
de mis vecinos, truncas, ante mí,
como las guerras que vendrán, y a R.
loco, a B. con un tajo en la garganta,
en Omaha, dentro de quince años.

Yo no los conocía en ese entonces.
Mi perro está rascando ahora la puerta.
Recién vuelvo de ver a Milton Sills
y a Doris Kenyon. Tengo doce años.
La luz del porche una vez más se enciende.

4.7.09

Traductor invitado

LEANDRO FANZONE TRADUCE A MICHAEL JOSEPH JACKSON


THRILLER



A la luz de la luna,
a medianoche un mal hay escondido,
falto de forma alguna;
detiene su latido
tu corazón y no sale sonido

de tu boca al gritar,
tan fuerte te ha tomado este terror.
No hay forma de escapar:
parada de estupor,
mirándote a los ojos el horror.

Porque es aterradora
la oscura noche y nadie se ha salvado
de la bestia que ahora
está casi a tu lado:
la noche criminal te ha acorralado.

Una puerta se cierra
de golpe, y no hay lugar donde correr.
Estás fría, te aterra
qué pueda suceder;
temes no poder ver amanecer.

Con ojos apretados
esperas que todo esto esté en tu mente,
mas pasos arrastrados
se escuchan claramente
detrás tuyo: el final es inminente.

Porque es aterradora
la oscura noche y no habrá segunda
ocasión salvadora
ante la bestia inmunda,
ante la criminal noche profunda.

Las nocturnas criaturas
llaman a los que han muerto al carnaval,
abren sus dentaduras
a la orgía brutal:
y escapar quién podrá al sino mortal.

Han salido a atraparte
muy cerca, en todas partes, donde mires:
listos para matarte
a menos que el dial gires:
si te poseen no habrá más porvenires.

Ahora es el momento
de que nos abracemos juntos fuerte
sentada en el asiento
del cine, tienes suerte
conmigo: serás salva de la muerte.

Aún más aterrador
no obstante que la noche puedo ser,
más amenazador
que un fantasma, mujer:
juntos en la peor noche por haber.

Las tinieblas toman todo,
medianoche está cercana.
Criaturas buscan humana
sangre reptando en el lodo,
entran de violento modo
al barrio, aterrorizando
a quien encuentren, y cuando
escapen de sus encierros
aullando infernales perros,
nadie huirá a su hado nefando:

con sus cuerpos descompuestos
divulgando un nauseabundo
olor que corrompe al mundo,
hieden a cuarenta infestos
milenios, de todos estos
ataúdes sale el mal
hambriento de tu final.
Pese a pelear por tu vida
tu cuerpo tiembla enseguida:
el terror vence al mortal.

30.6.09

El adiós (Guillaume Apollinaire)

Esta brizna de brezo he recogido.
El otoño está muerto. No lo olvides.
No nos veremos más sobre la Tierra,
brizna de brezo, aroma de los tiempos.
Y no te olvides de que yo te espero.

24.6.09

La acacia rosada (William Carlos Williams)

Soy persistente, igual que la acacia rosada,
una vez que la dejan
entrar en el jardín
es muy difícil deshacerse de ella.
Si se la arranca de la tierra,
y queda una raíz
por mínima que sea,
vuelve a brotar.
Pensarme
en esos términos resulta
halagador. Y también es
risible.
Es una flor modesta,
parecida a la arvejilla de olor,
que no se puede menos
que admirar,
hasta que sus costumbres
se vuelven conocidas.
¿No somos todos
un poquito así? Sería
demasiado
si la gente
se entrometiera en las minucias de
nuestra vida privada.
No es
que tengamos nada que ocultar,
¿pero podrían ellos
soportarlo? Por supuesto,
le gustaría al mundo
presenciar
cómo hacemos el ridículo.
La pregunta es
si ellos
serían generosos con nosotros
como nosotros hemos sido antes
con otra gente. Es,
como venía diciendo,
una flor
increíblemente resistente
cuando se la combate.
De ignorársela,
se convierte en un árbol.
Ojalá yo pudiera pensar eso de mí
y de lo que después
ocurrirá conmigo.
El poeta,
¿qué piensa de sí mismo
cuando se enfrenta con su mundo?
No basta con decir,
como acostumbra:
"Nada importante", puesto que el poema
se vería con eso traicionado.
Podría responder
aquello de “una rosa es una rosa
es una rosa”, y concluir con eso.
Es verdad que una rosa es una rosa,
y el poema se iguala con la rosa,
si es que está bien hecho.
El poeta no puede
hablar mal de sí mismo
sin hablar a la vez mal
del poema,
lo cual sería
ridículo.
No hay mayor recompensa
en esta vida.
Y así, como esta flor,
persisto,
por si acaso obtengo algo con ello.
Yo no soy,
ya lo sé,
en la galaxia de los poetas
una rosa,
pero quién me podría
negar
mi lugarcito.